Lo peor de los viajes suelen ser los turistas. Todos los viajeros lo somos inevitablemente en mayor o menor medida, pero hay una raya que no quisiera cruzar yo bajo ningún concepto: la que distingue al extranjero (tímido o al menos cuidadoso, sabedor de su ignorancia) del mamón (desconocedor prepotente sin curiosidad ni respeto).
Ando leyendo y diseñando la ruta malgache. Madagascar es un complejo lugar, único por un millón de cosas y relativamente poco turistizado. Me tiene hipnotizada…
Pues bien, las muestras en Internet de la burrez del turista vulgaris por la Isla Roja son simplemente abrumadoras. Y hablo del vulgaris, no me meto esta vez con hijoputas especializados en turismo sexual, tráfico de animales u otras palabras mayores.
En poco más de media hora que llevo por Youtube he topado con (voluntariamente no les voy a dar publicidad-enlace) :
- el gilipollas yanki que, grabando en un mercado, se dedica a tomar primeros planos del culo de las niñas con gran alboroto por su parte y la de sus congéneres… y rodeado de las miradas oscuras y silenciosas de los lugareños.
- el tarao australiano que, en una reserva de lemures y a 15 m. de un enorme cartel escrito con mano insegura: “Don’t feed the animals” (no alimentar a los animales), se dedica, también a voces y sin sonrojo, a echarles algo comestible que lleva en un vaso de plástico. Cuando se le acercan demasiados animalitos decide lanzar todo lo que le queda al centro del grupo: ‘A ver si se pelean’ (sic.). De postre les tira el vaso de plástico.
- el macarra español que se va de escalada a unas paredes graníticas y describe la lucha de los taxistas por conseguir sus maletas como si hablara de una pelea de perros, risotadas y adjetivos insultantes incluidos. Presume al final de haber pagado una mierda, cómo no.
Por estas cosas y otras mucho peores me da mal rollo viajar. Los comportamientos inadecuados de los paletos con pasta que somos, dañan mucho más allá del lugar y el momento en que se producen… Y lo raro, como dice este, es que no mueran turistas a puñaos. Pero tiempo al tiempo, que el dinero cada vez compra menos cosas.
No quiero filosofar, resumiré con la sobada conclusión de que el viajero ‘occidental’ es un elemento contaminante de primer orden, somos muy pobres, moralmente tenemos poquísimo que ofrecer y muchísimo que malmeter.
En fin, desde luego que yo también he hecho muchas estupideces… y alguna putada que otra. Pero va aprendiendo una, espero que esta vez se note que he madurado un pelín
Y para rebajar el mal sabor de boca os dejo una joya. Este tipo de momentos son los que generalmente me voy a perder porque no soy gloriosa viajera sino puta turista, jeje:
Los Vezo son pescadores nómadas (hermosa combinación) del sudoeste de la isla. El documental es de la Universidad de Antananarivo.
Me tranquiliza saber que hay gente mucho más radical que yo en esto de viajar.
Bueno, Wilma, difícilmente se te puede clasificar como una mera turista. El viaje que vas a emprender tiene unas dimensiones casi míticas. No sólo por la longitud y duración, sino, sobre todo, por la intensidad. En realidad, hace mucho que lo iniciaste. Ahora vas a comprobarlo sobre el terreno.
Ya sabes que el turismo me parece una de las peores plagas que sufrimos. Los turistas son personas y no me atrevo a juzgarlas; hay de todo , como tú has dicho. Pero tu viaje es otra cosa. Para mí es un misterio que me deja sin palabras.
Un beso.
Pues no tengo mucho tiempo de ver el documental, que tiene una pinta buenísima, pero sí para darte la razón por completo y decirte que tú no eres como esos, ni lo has sido ni lo serás, y que todo lo que te dice Mobesse lo suscribo punto por punto. A mí también me gusta ser viajera, no turista. Es una cuestión de actitud, no de dinero ni de tipo de viaje.
Hola F&F
Sobre la intensidad del asunto: sí, es arrebatador. Todas las horas del día son pocas para averiguar.
Es curioso porque generalmente no me preocupo mucho por adelantado, la técnica más frecuente es enterarme de lo fundamental para funcionar (moneda, transporte, puntos clave…) y tirarme de cabeza. Luego ya me voy encontrando con lo que hay.
Pero esta vez no voy a descubrir sino a buscar.
(¡toma ya, qué bonito ha quedado eso, madre!)
Es curioso que sigan existiendo tribus así… con lo dañino que somos, seguro que les quedan un par de telediarios…
me he reído un montón viendo las brebis paseando por la orilla de la playa
De tu comentario, Wilmix, qué decirte salvo que estoy totalmente de acuerdo contigo… somos la leche cuando vamos de “ricos”
besote